Maldita transición

Cosas terribles le pueden suceder a una mujer cuando se separa y decide sacarse la chapa de “concubina”. Sobre todo, durante esa difícil etapa de transición, ese crucial momento en que vivimos el fin de la relación, pero aún hay ciertas cosas tangibles y no tangibles que no hemos terminado de mudar.

 

Es una etapa de color indefinido, porque pese a que tomamos la decisión de elevar el ancla, siempre queda ese sabor a duda, mezclado con miedo y decorado con algunos resabios de un tibio cariño.

Es un “me voy”, “me quedo”, “me quedo un rato”, ¿un touch sin culpa, tal vez?. Si somos nosotras quienes tenemos que entregar la llave, mientras vamos y venimos del ex nidito de amor, nos podemos encontrar con sorpresas.

 

Estadísticamente, está comprobado que luego de una ruptura ellos rearman su vida sentimental antes que las mujeres, muchas veces a los ponchazos y cual manotazo de ahogado. Y en eso, los números no mienten.  No te asombres de encontrar en su departamento, “objetos extraños” mientras retirás las últimas medias que te quedaron en el cajón del placard.

 

Sin embargo, esas sorpresas pueden no ser tan negativas… porque para las que dudaban de la decisión tomada, seguramente ayudarán a dar el último y valiente paso final:

 

• Un cuaderno de anotaciones o apuntes, al lado de la computadora: podemos pensar que “ella, la nueva” sólo vino a hacer uso de esta herramienta, o que pasó a verlo y se acordó que tenía que terminar un trabajo. Podría ser una amiga más. No es una pista fuerte que delate si él está sobrellevando su transición acompañado. Luz verde. Aún podés confiar en un “te extraño, vení a visitarme”.

 

• Un libro dedicado: alguien está haciendo regalos con dedicatorias cariñosas. Ni hablar si el libro en cuestión es un Veinte poemas de Amor y una canción desesperada o una antología de poemas de Mario Benedetti. Luz Amarilla. Atención. Vete de ahí silbando bajito y no te olvides ningún corpiño en la soga.

 

• Un aro de mujer en el sillón: no es tuyo, por supuesto. Alguien lo perdió vaya a saber en qué circunstancias. Luz amarilla intensa. Es hora de mutar “transición” a “pasado”.

 

• Un cepillo de dientes (no es el de él, ni es el tuyo): un clásico. Es evidente que alguien ya hizo un nido en su almohada. ¿Hace falta decir algo más? Luz roja. Jugale una maratón a la transición y llegá rápido a la meta.

 

• Y por último: Él te invita a comer, con la clásica y repetitiva excusa de que “te extraña”. Pero al entrar al restaurante se pone blanco como un papel, como si hubiese visto un fantasma y su mirada se clava en el perfil de una pelirroja… De pronto cambia de opinión y sugiere ir al fast food de al lado, porque hay “menos gente”. Luz violeta. Confirmado: la pelirroja ya es presente.

 

Maldita transición. Tomate un Concord en primera clase, con pasaje de ida y… sin escalas.

 

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1 comentario

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Una Respuesta a Maldita transición

  1. abc

    Hola!
    Investigando un poco de vos, la red nos hace a todos publicos, encuentro este blog de tu autoria, interesantes historias de una mujer despechada? Y mas alla de hacer un comentario mas como los que tenes en tu perfil (de una bajeza terrible para referirse a la belleza de una mujer) quiero decirte que me cautivaron tu voz, tu figura y ahora tus pensamientos expresados en este blog.
    No voy a implorar tu respuesta como el comun ya que no se mendiga amor.
    Besos

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