No hay nada más aburrido que estar en un lugar aburrido, con gente aburrida que habla cosas aburridas.
Era el cumpleaños de una de esas “buenas conocidas” que desde que me la presentaron y comencé a ir a sus fiestitas, siempre se esmeraba por hacerlas cada vez más aburridas.
La escena era algo así: dos mesas grandes repletas de sándwiches, tartas, tortas, bocaditos finos, gaseosas, champagne, tías gordas trayendo regalos suntuosos, su entrado-en- kilos de marido haciendo alarde de la joya que le había regalado y sus amigas de lo único que hablaban era de la máscara facial rejuvenecedora o si las playas de Punta del Este eran mejores que las de Miami. Tanta gente y nadie era capas de decir algo interesante.
Pero epa… en un momento advertí que la única que parecía ponerle un poco de onda a la situación era la madre de la homenajeada, que no paraba de abastecerse repetidas y consecutivas veces del espumante que a esa altura, ya se lo había liquidado.
La fiesta promediaba y desde lejos veía que la señora ya iba por la tercera botella. Bebía sola, en un rincón y trataba de esconder las botellas vacías bajo la mesa. Pero claro, con tanta degustación, una copa de vino cae sobre su pollera animal print
El aire se cortaba con un papel. Papelón que todos quisieron disimular.
- “Es que tendrías que haber contratado mozos”, le dijo a la cumpleañera una rubia platinada con aires de chica que sabe de protocolo y organización de eventos.
- “No es necesario, no es nada”, le dije a la señora, mientras me sentaba a su lado. Al menos juntas, compartiríamos unas copas y encontraría un poco de diversión.
Y ahí vino la confesión de la noche: “¿Sabés una cosa?”– me dijo– “no estaría mal lo del mozo… además siempre tuve fantasías con uno”.
Silencio de radio. Estaba a punto de escuchar la fantasía sexual de una señora de 55 años, viuda, un poco borracha y madre de las más top de mis amigas.
“Me seducen los mozos, siempre soñé con llevarme uno a la cama. Los mozos son personas que siempre me hacen sentir a gusto, porque uno paga. Ellos no discuten, hacen todo lo que yo les digo porque el cliente siempre tiene la razón. Entonces cuantas más veces voy al bar, cuanto más consumo, más lo conozco y él se esfuerza en atenderme porque cuanto mejor lo hace, más propina le dejo. Y así, es más fácil amarnos”.
Y siguió:
“Me muero por descubrir que esconden los mozos detrás de esos delantales y me imagino subida a su bandeja como una bailarina de palo enjabonado. ¡Y ni hablar de esa franela que pasa con esos musculosos brazos sobre la mesa! ¡Qué virtuosismo!. ¡Qué energía!. Siempre fantaseé con ser franela, y que me revolcara por la cama, como lo hace con ese trapo. ¡Un hombre capaz de manejar así la franela y la bandeja al mismo tiempo debe ser un flor de mozo en la cama!”
No sé si ahí terminó la historia, pero es lo que me acuerdo… o lo que se pude contar…
Ella me preguntó cual era mi fantasía. Sin palabras. Después de lo escuchado, cualquier vuelo de la imaginación era insignificante.
Al otro día, compré una franela, un delantal de cocina y una bandeja. Nunca se sabe… por las dudas hay que estar lista para cuando aparezca ese buen mozo.
